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Podríamos afirmar que, sin el vino, a
la humanidad le faltaría una parte importante de sus valores
y manifestaciones culturales. Pues, si es cierto que el
hombre ha convertido la pura necesidad de comer y de beber
en fuente de placer para los sentidos y para la inteligencia,
es el vino el que soporta una mayor carga cultural, carismática
y ritual. La viña penetra, en efecto, en la cultura cuando
se convierte en vino, un hecho tan antiguo que sólo la mitología
lo ha conservado en hermosos relatos.
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